Ética
en Colombia: Un recorrido breve por su historia
La sociedad colombiana a lo
largo de su historia se ha visto regida por dos poderosos pilares: el religioso
y el político. En épocas pre colombinas la población mayoritariamente indígena,
basaba sus creencias en seres míticos o astrológicos, pero luego al llegar los colonizadores
estos impusieron a sangre y fuego la religión católica, desalojando a los
indígenas y negritudes de su identidad religiosa; en la época de la colonia, la
sociedad estaba sujeta a los preceptos de los
clérigos; estos regían las vidas de las personas a todo nivel:
creencias, sexualidad, procreación, etc. Pero la Iglesia no solo gobernaba las
vidas de las personas, también dirigía el Estado, pues no existía diferenciación
alguna, eran un solo poder, lo público y
lo privado, era una especie de bienestar espiritual en donde la Iglesia regía
las leyes que gobernaban al pueblo. El ethos se basaba en lo que según la
Iglesia era aceptado moralmente (sagrado) y los que llevaban una vida fuera de
este protocolo (profano).
Cuando los pueblos
inicialmente rurales y agrícolas empiezan a desarrollarse hasta convertirse en
urbes, se da un cambio en el pensamiento de las personas, pues experimentan las
transformaciones que la posmodernidad trae consigo en las áreas del arte, la
literatura, la ciencia, etc. Ya no es cuestión de cumplir los deseos e
imposiciones de un Dios, sino que empieza a surgir el concepto de la razón, mucho
más elaborado; viene entonces una dicotomía entre Estado e Iglesia, en donde el
primero aborda los temas de ciudadanía y el segundo lo comportamental.
La bifurcación se hace
evidente cuando la sociedad se convierte en partidista, pues allí es donde
radica su nueva esencia; la demagogia convierte a la población en entes de los
partidos políticos, y el estado se vuelve débil y sin identidad, permitiendo
que gobierne el caos; pues ya no es la misma sociedad campesina a la que se debe manejar: se pasa del campo a la modernización de las urbes, aparecen corrientes
contraculturales, imposición del orden a manos de grupos al margen de la ley, todo ello debido en parte a la velocidad con que cambiaron los principios de la sociedad,
pues pasaron de lo sacro a lo político, sin que se contara con una estructura clara para ello.
Estos efectos se ven primordialmente reflejados en la esfera política – estatal, pues se pierde credibilidad en sus
representantes, gobernabilidad y legitimidad entre otras y la esfera de los
ethos socio cultural, lo cual se refleja en la pérdida de valores e identidad
del pueblo que desemboca en una violencia extralimitada que hace más difícil nuestro
tránsito hacia la modernidad.
Desde mi punto de vista, el
estado colombiano siempre se ha movido entre lo humano y lo divino; durante
mucho tiempo, la Iglesia gobernó las vidas de las personas y aún en algunas
instancias lo sigue haciendo, pero luego emerge la esfera política, en donde el
ciudadano pierde su condición para volverse parte de un partido político. A mi
manera de ver las posible causas que plantea la autora, no son otra cosa
que el exceso de egoísmo entre una parte y otra, el pensar más en ellos mismos
y menos en el pueblo; pues Colombia pide a gritos una identidad propia, gobernantes
que construyan una sociedad no excluyente, ya que somos mestizos, indios, afro
descendientes, no somos europeos ni americanos. Y que la Iglesia continúe siendo pilar de los valores éticos y morales
que rijan la sociedad, pero permitiendo también conceptos modernos en cuanto a
procreación, familia y sociedad.